Silencioso pianto, de rotos blancos.


Silencioso pianto,
 de rotos blancos,

Succionada la carne, se quebranta,
como el campo en sequía,
se troncha y nada levanta.
Duermen las cenizas en él,
sin panal ni miel, y de rotos blancos.
Mortificada y desterrada la piel,
mamada por el sembrado santo.
Bajo un coral de aves en rondel,
y el verdinegro, de los cipreses altos.
Cuando llegue ese funesto día,
y la luz no reconozca la carne,
diremos adiós al recuerdo,
afásicos los ojos, sin risas ni llantos,
en la mudez de nuestra garganta,
en dirección, al silencioso pianto.
Mudos y ciegos,
sin la gloria de los verdes glaucos,
sin las jaranas ni las orgías,
que hablan de rosados,
 y de arrumacos, rojos y blancos.
Como el amorío de pájaros prendados,
a la espera del renacer amado...
Como los nidos del alma abren sus cálamos,
sobre un  tronar, de pétalos blancos.

Carmen Silza



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